El descanso no depende solo de la voluntad, sino del lugar. Una habitación bien preparada hace gran parte del trabajo. Estos son los cinco elementos que más influyen, según las recomendaciones de la Sociedad Española del Sueño.
Luz
Penumbra suave durante la siesta; oscuridad casi total para el sueño nocturno. Las cortinas opacas son una inversión.
Temperatura
Entre 18 y 20 °C es el rango óptimo. El cuerpo necesita perder un grado de temperatura interna para entrar en sueño profundo.
Sonido
Silencio o ruido blanco constante. Los sonidos intermitentes —avisos, voces lejanas— son los peores enemigos.
Tacto
Sábanas de algodón, almohada firme, mantas pesadas. La presión suave reduce la frecuencia cardíaca.
Aroma
Lavanda, vetiver, manzanilla. No es magia: actúan sobre el sistema límbico y reducen la activación.
Tecnología
Móvil en otra habitación. Si no es posible, en modo avión, boca abajo, fuera del alcance del brazo.
El rincón del descanso
No hace falta una habitación entera. Basta con designar un rincón —un sillón junto a la ventana, un futón en el suelo del estudio— y respetarlo. Cuando el cuerpo asocia un lugar con la pausa, basta con acercarse para empezar a desactivarse. Es el mismo principio por el que asociamos la cocina con el hambre.
"El cuerpo aprende los lugares antes que los horarios."
El ritmo de la luz natural
La luz solar es el reloj maestro. Quince minutos de exposición a la luz natural de la mañana ajustan el ritmo circadiano y mejoran la calidad del sueño nocturno. Inversamente, dos horas antes de dormir conviene atenuar las luces y desplazar el color hacia tonos cálidos. Los teléfonos modernos incorporan modo nocturno: úsese sin pudor.