Capítulo 05 · Ciclos

Los ciclos del sueño

Dormir es un viaje en cuatro estaciones que se repite cada noventa minutos.

Cada noche atravesamos entre cuatro y seis ciclos completos de sueño. Cada uno dura aproximadamente noventa minutos y se compone de cuatro fases que se suceden con la regularidad de una marea. Comprenderlas ayuda a respetarlas.

00:00 — 05:00

Fase N1 · Adormecimiento

El cuerpo se relaja, los pensamientos se vuelven imagen. Es la frontera entre la vigilia y el sueño. Si despertamos aquí, sentimos como si no hubiéramos dormido.

05:00 — 25:00

Fase N2 · Sueño ligero

Aparecen los husos del sueño, ráfagas eléctricas que ayudan a fijar la memoria. Es la fase ideal para terminar una siesta corta.

25:00 — 60:00

Fases N3 · Sueño profundo

Las ondas lentas dominan. El cuerpo libera hormona del crecimiento, se reparan tejidos, se consolida el aprendizaje motor. Despertar aquí produce la temida inercia.

60:00 — 90:00

Fase REM · Sueños

Los ojos se mueven bajo los párpados, el cerebro se activa casi como en vigilia, las emociones del día se reordenan. Soñar es indispensable.

La siesta perfecta

Para evitar la inercia del sueño, conviene quedarse en N1 o N2: entre 10 y 25 minutos. Si se dispone de más tiempo, lo ideal es completar un ciclo entero —noventa minutos— y despertar al final de la fase REM. Cualquier duración intermedia, alrededor de 40-60 minutos, es la peor opción: nos sorprende en sueño profundo.

«El sueño no es ausencia de actividad; es la forma más sofisticada de actividad que conocemos.» — Allan Hobson

Adultos, niños, mayores

Los niños recién nacidos pasan la mitad de su sueño en REM; los adultos, apenas un 20%. A medida que envejecemos, las fases profundas se acortan y los despertares nocturnos se multiplican. La siesta breve compensa parcialmente esa pérdida, especialmente a partir de los 60 años, cuando el sueño nocturno se fragmenta de forma natural.